ECUADOR: EL DRAMA EN LAS CALLES

ECUADOR: EL DRAMA EN LAS CALLES

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda

Ecuador vive un drama grave. Desde el 13 de junio (2022) se inició el paro nacional convocado por la CONAIE, la mayor organización indígena, que planteó 10 demandas al gobierno (https://bit.ly/3NroE8E). Leonidas Iza, su presidente, fue encarcelado, aunque pudo salir libre después de varias horas (https://bit.ly/3yjU0K4). El hecho agravó las reacciones. Y se sumaron a las movilizaciones las centrales sindicales, estudiantes, maestros, pequeños y medianos productores, capas medias, intelectuales, artistas y otros tantos sectores sociales, que igualmente enfilaron contra el gobierno de Guillermo Lasso y la desatención en áreas sensibles como seguridad pública, seguridad social, educación, medicina y salud. Cada día las protestas han crecido. El gobierno decretó el Estado de excepción en varias provincias y movilizó al ejército (https://bit.ly/3u0HD2H). Las paralizaciones continuaron, se extendieron a todas las regiones y miles de indígenas avanzaron hacia distintas ciudades y especialmente se dirigieron a Quito. La capital ecuatoriana ha sido ocupada por los manifestantes y la vida regular se ha visto convulsionada (https://bit.ly/3tYedCg). En semejantes condiciones la escalada entre protestas y represión crecieron. El vandalismo, la destrucción, las agresiones y las amenazas a personas y propiedades también se hicieron presentes. Las víctimas aumentan. Hay una crisis evidente del gobierno y una movilización social extendida por todo el país, que se ha enfrentado con fuertes represiones, que alarman en Amnistía Internacional (https://bit.ly/3A5FQgG) y otras entidades de derechos humanos (https://bit.ly/3HQVaje). La confrontación no cede. Las opiniones se polarizan. Afloran las expresiones racistas y clasistas entre quienes se han convencido que “hay que dar bala”. También aparecen manifestantes que claman por la “paz” y en Quito y Guayaquil grupos que salen en defensa de “su” ciudad y rechazan a Iza y a “los indios” (https://bit.ly/3HP72lD). Es un fenómeno de racismo similar al que vivió Bolivia durante la crisis de noviembre 2019, que desembocó en el golpe de Estado que instauró a Jeanine Áñez en la presidencia. En esferas oficiales se habla de “paro violento”, de “terroristas”, que los indígenas quieren acabar con la “democracia”, que el financiamiento proviene del “narcotráfico” (https://bit.ly/3OuKoBk) e incluso hay quienes sostienen que atrás están Correa y el “correísmo” (https://bit.ly/3brSEUr). En las calles el grito de combate es “¡fuera Lasso, fuera!” (https://bit.ly/3Om1Rfp).
 
Diversos sectores, las universidades más importantes, la iglesia, demandan el diálogo y apelan a la constitucionalidad. Varias embajadas europeas y la norteamericana advierten sobre el clima político e insisten en el diálogo (https://bit.ly/3OGFLnA). Lo mismo hizo la OEA (https://bit.ly/3ncfnX9). Pero en el mundo internacional poco o nada se ha difundido, en tanto la gran prensa del país y particularmente la televisión, es selectiva en informaciones y sesgada a defender las razones del gobierno y a deslegitimar al movimiento indígena. El papel informativo a cada momento, con videos, fotos, entrevistas y reportajes, lo han cumplido los medios alternativos por internet y las redes sociales, contra los cuales hubo el intento oficial por acallarlos, propósito que logró frenarse (https://bit.ly/3QKrOXN). Es una situación más grave que la que vivió el país en octubre de 2019, cuando también el movimiento indígena encabezó una protesta sostenida contra el gobierno de Lenín Moreno (2017-2021).
 
La traumática coyuntura merece alguna perspectiva desde la historia inmediata. Ante todo, cabe considerar la victoria de Guillermo Lasso, quien ganó el ballotage con el 52.36% de votos frente al candidato del “correísmo” Andrés Arauz, quien obtuvo el 47.64% de la votación. En definitiva, desde el inicio, no contaba con el apoyo de casi la mitad del electorado. Se posesionó como presidente del Ecuador el 24 de mayo de 2021. Y, dejando a un lado los ofrecimientos de campaña, pero no sus definiciones en materia económica, dio continuidad al gobierno de Lenín Moreno (2017-2021), quien había restaurado la vía empresarial-neoliberal, además de avanzar en la reinstitucionalización conservadora del Estado, el privilegio a los intereses empresariales, la persecución al “correísmo” y la criminalización y judicialización de la protesta social. El gobierno de Lasso pasó a representar a las fuerzas más poderosas del país: banqueros, grupos económicos, capas ricas, clases medias acomodadas, grandes medios de comunicación, derechas políticas y también al capital transnacional. Todos convergen en mantener un ideal: el neoliberalismo como modelo económico, pero que ha sido aplicado en Ecuador bajo un manto oligárquico, conservador, atrasado y excluyente. El control del Estado se ha entendido como oportunidad para hacer buenos negocios con recursos, bienes y servicios públicos. Además, se contaba con el Servicio Ampliado (SAF) con el FMI (2019, https://bit.ly/39TfALV), heredado del gobierno de Moreno y que tanto favorecía a sus consignas económicas: reducir impuestos, achicar el Estado, privatizaciones, flexibilidad laboral, extractivismo, aperturismo. Lasso proviene directamente de las filas de esa élite económica. Cuenta, además, con la identidad ideológica de los gobiernos conservadores de la región y para los EEUU es un aliado imprescindible, aún más tras el triunfo de Gustavo Petro en Colombia. Todo ello constituye la esencia de lo que sociológicamente se reconoce como bloque de poder dominante o hegemónico en Ecuador.
 
Despreciando las experiencias latinoamericanas y singularmente las ecuatorianas de las décadas finales del siglo XX, así como los estudios que las han seguido, como los de la CEPAL, era evidente e inevitable, que el modelo empresarial-neoliberal, continuado y reforzado por Guillermo Lasso en su primer año de gobierno, ahondara la dualidad social, en la cual la élite del bloque de poder es la privilegiada, mientras el resto de la sociedad y particularmente los más pobres -entre quienes los indígenas siguen a la cabeza-, no encuentran posibilidades de adelanto y bienestar. Las condiciones de vida y trabajo en Ecuador se deterioraron dramáticamente desde 2017, acompañados por la ruina de los servicios públicos básicos en educación, salud y seguridad social, que llegaron a funcionar en forma aceptable durante el gobierno de Rafael Correa (2007-2017). Moreno ni siquiera atendió la vacunación en medio de la pandemia Covid de 2020 que, en cambio, sí la asumió y con éxito el gobierno de Lasso. Pero en un solo año se sumó una inédita inseguridad pública por el incremento de la imparable delincuencia. Al precario cuadro social, acompañan frustraciones y desesperanzas generalizadas.

Bajo el paraguas del acuerdo con el FMI, Lasso continuó con los ideales neoliberales de las élites que le apoyan. Allí predomina la incapacidad para comprender las demandas sociales, así como el mundo indígena, cuya cultura e historia se ignora. Las consecuencias de la polarización social creada por el dominio plutocrático se advierten hoy en la impresionante reacción popular. En la estrategia oficial el gobierno quiere aparecer como fomentador del diálogo y la paz, en tanto la CONAIE sostiene haber dialogado en diferentes oportunidades sin conseguir nada (https://bit.ly/3ynqNxP // https://bit.ly/3OprDzE). Y esa diferencia ha llevado a las posiciones de fuerza, al punto que el viernes 24 el presidente, en cadena televisiva, arremetió contra la “violencia”, los “criminales infiltrados”, los “grupos de vándalos”; también contra Iza; y argumentó que se quiere “desestabilizar la democracia”, anticipando que la policía y las fuerzas armadas harán el “uso progresivo de la fuerza”; pidiendo, además, que los indígenas y campesinos “regresen a sus comunidades” (https://bit.ly/3uovAN9). Casi de inmediato empezó el asedio a los espacios donde se encuentra alojada la población que llegó a Quito y se lanzó la ofensiva de represión que ha resultado grave y camina a ser peor (https://bit.ly/3A1TqBT). Las imágenes que circulan en redes son escandalosas y dolorosas.

Tiene otro espacio el que también enfrenta a los partidos institucionales, dentro de sus propias dinámicas, intereses y cálculos. En la sociedad civil se plantearon salidas constitucionales: renuncia del presidente, destitución legal, aplicación de la “muerte cruzada” (sale el Ejecutivo y también el Legislativo y se convoca a nuevas elecciones) o revocatoria del mandato por las causales legales correspondientes. El partido UNES (“correísmo”) promovió la destitución constitucional del presidente y logró que el sábado 25 la Asamblea Nacional iniciara el tratamiento del tema (https://bit.ly/3nnsyo4), aunque parece seguro que no existe la mayoría necesaria de votos. Desde luego, en contra de esa propuesta y, en definitiva, en apoyo a Lasso, se han alineado las fuerzas de la derecha: PSC, ID, BAN, un sector de Pachakutik y varios independientes (https://bit.ly/3yjGeqv // https://bit.ly/3QQWcjm). El gobierno insiste en un intento de golpe de Estado y para aliviar la imagen ante lo que se trataría en la Asamblea, levantó el Estado de excepción (https://bit.ly/3OJ9MTS). En este juego de los actores políticos no está en claro qué sucederá.

Por sobre esa esfera de la vida política, la conflictividad social sigue en pie entre el gobierno y la CONAIE/sectores populares que, a pesar de la brutal represión diaria, persisten en la agenda de los 10 puntos. Debería quedar en claro que los ejes de esa agenda cuestionan el modelo económico gubernamental e implican un cambio de rumbos. En medio de esas diferencias, las cámaras empresariales solicitan que el gobierno “escuche los pedidos de cambio”, pero que se mantenga el uso progresivo de la fuerza “de manera legítima” (https://bit.ly/3niNqgk // https://bit.ly/3u3433t). La salida a la situación que continúa viviendo Ecuador es, en este momento, impredecible.
 

REVOLUCIÓN JULIANA EN ECUADOR: DERROTA DE LA PLUTOCRACIA

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda

El pasado 9 de julio se recordó en Ecuador a la Revolución Juliana de 1925 y a los gobiernos de su ciclo histórico, que comprendió dos Juntas provisionales hasta marzo de 1926 y, de inmediato, el gobierno de Isidro Ayora (1926-1931). Existe ahora una amplia bibliografía sobre el tema. Y en numerosos artículos, así como en varios libros, he abordado el tema a fin de entender tanto las lógicas históricas de aquel proceso, como su significado, alcances y límites (https://bit.ly/3RljQof).

La Revolución fue preparada por la Liga Militar de jóvenes oficiales. Fue el primer golpe de Estado institucional de las fuerzas armadas en la vida del país (realmente del ejército); pero los militares no tomaron directamente el poder ya que prefirieron encargar la administración del Estado a civiles, aunque bajo su tutela y respaldo. Inspirados en principios sociales (las influencias de la Revolución Mexicana y de la Rusa se extendieron y también hubo oficiales incipientemente “socialistas”) la motivación central fue anti oligárquica, pues entre 1912 y 1925, durante la “época plutocrática”, el país, en forma creciente, había caído bajo el dominio económico y político de una clase de hacendados, agroexportadores de cacao, comerciantes y, sobre todo, banqueros, que manejaron los sucesivos gobiernos a su servicio. No existían impuestos directos, tampoco legislación laboral y los míseros recursos estatales, dependientes de los préstamos bancarios privados y otros ingresos insuficientes, impedían inversiones en bienes y servicios públicos.

El ciclo juliano fue una bisagra entre el siglo XIX-histórico y el siglo XX-histórico. Inauguró el papel del Estado en la economía, a través de varias instituciones: Banco Central (BCE), Contraloría, Superintendencia de Bancos, reordenamiento del Ministerio de Hacienda; por primera vez se fiscalizó a los bancos; se estableció el impuesto sobre las rentas personales, capitales y también utilidades; hubo reformas a las aduanas y los aranceles; se trató de impulsar la industria con medidas proteccionistas; además de la creación del Ministerio de Previsión Social y Trabajo, de las Direcciones de Salud y de la Caja de Pensiones, fueron dictadas las primeras leyes laborales (contrato individual, jornadas máximas y descansos obligatorios, trabajo de mujeres, desahucio, jubilaciones, accidentes del trabajo), consagrados y ampliados por la Constitución de 1929 que, además, estableció los primeros lineamientos de algo parecido a una reforma agraria; fue reformada la educación secundaria y universitaria; pero se quedó corta la inversión pública, en una coyuntura desfavorable por la crisis del cacao, otrora el primer producto en las exportaciones del país. El julianismo ecuatoriano abrió el espacio político de la izquierda, por lo que pudieron fundarse el Partido Socialista (PSE, 1926) y el Comunista (PCE, 1931). Y sentó las bases para el largo proceso de superación del régimen oligárquico, que solo se logró durante las décadas de 1960 y 1970. También es posible compararlo con movimientos de oficiales jóvenes como el que se produjo en Chile (1924) o con el Tenentismo en Brasil (1922-1927); pero está más identificado con los “populismos” clásicos que las ciencias sociales latinoamericanas han destacado en Brasil con Getulio Vargas, México con Lázaro Cárdenas o con la Argentina de Juan Domingo Perón. Sin duda la Revolución Juliana es el primer intento por crear una economía social, que incluso se anticipó, en buena parte, a las políticas del New Deal implementadas por el gobierno de F. D. Roosevelt (1933-1945) en los EEUU.

Las oligarquías ecuatorianas de la época y particularmente los banqueros, poco identificables como burguesías capitalistas en ascenso, reaccionaron en contra de los julianos. En Guayaquil, durante la primera junta, se dijo que “los serranos” querían llevarse el oro de la Costa y llegaron a organizarse “guardias cívicas” para defender la propiedad privada bajo los gritos de “Guayaquil independiente”. Según Luis N. Dillon, presidente de la primera junta provisional, el país estuvo al borde la guerra civil. Fue resistida la creación del BCE, fustigado el impuesto a las rentas -aunque pronto se aprendió a evadirlo- y continuaron las prácticas explotadoras del trabajo. Como no hubo continuidad del “modelo” juliano ni de sus políticas, entre 1931 y 1948 Ecuador pasó a vivir un ciclo de inestabilidad impresionante, con la sucesión de una veintena de gobiernos, aunque la corta dictadura del general Alberto Enríquez Gallo (1937-1938) retomó los ideales julianos y expidió el Código del Trabajo. Pero también, rápidamente, los grupos dominantes aprendieron a captar las instituciones julianas y a volcarlas a su servicio.

A la distancia de casi un siglo, todavía hay sectores que consideran a la Revolución Juliana como una intervención abusiva contra la empresa privada e incluso “ignominiosa” para Guayaquil. Si se examinan las demandas de los grupos de poder económico y empresarial en el Ecuador del presente, podrá advertirse que el neoliberalismo como eje ideológico de sus planteamientos, disfraza los viejos ideales oligárquicos de la “época plutocrática” pre-juliana y que bien podrían esquematizarse en una serie de consignas: no al Estado, no a los impuestos, no al trabajo regulado, a las cuales se suman ahora: si al extractivismo, si a los tratados de libre comercio y si a las tan anheladas “privatizaciones”. Desde 2017 esos ideales fueron revividos bajo el manto de un modelo de economía empresarial-neoliberal -y ahora nuevamente plutocrática- que se supone como avanzada y moderna para el siglo XXI, que el país ya experimentó durante las décadas finales del siglo XX e inicios del XXI. Las consecuencias eran previsibles, de modo que en los últimos cinco años se ha reconcentrado la riqueza, incrementó la polarización social, así como la conflictividad derivada del deterioro de las condiciones de vida y trabajo de la población, e incluso se han visto afectadas la institucionalidad del Estado y la vida democrática.

En el trasfondo descrito, Ecuador experimentó dos movilizaciones indígenas y populares en octubre de 2019 y julio de 2022, que desafiaron la marcha neoliberal del país. Tal como ocurriera durante la primera época plutocrática, desde el Estado se respondió con represión y criminalización de las protestas. Es incierto el camino futuro, actualmente sujeto a un férreo bloque de poder en cuyas filas han aparecido sectores clasistas y racistas. Sus élites económicas no están dispuestas a ceder en el modelo de economía que tanto les beneficia. En todo caso, tan solo dentro de tres años, Ecuador y sus fuerzas armadas seguramente celebrarán el centenario de una revolución que no solo dio continuidad a la Revolución Liberal Radical (1895), sino que se inspiró en ideales sociales y progresistas, que distinguieron un ciclo significativo para la historia contemporánea del país.

«GUERRA JUSTA» CONTRA LOS INDIOS

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda

La conquista española en América encontró sociedades aborígenes en distintos grados de desarrollo. Los aztecas en Centroamérica y los incas en Sudamérica fueron las mayores civilizaciones. Abundan los estudios etnohistóricos sobre las comunidades nativas en ambas regiones, fundamentadas en vida y recursos comunes, bajo relaciones de reciprocidad. Los conquistadores, en cambio, buscaron constituir señoríos de tipo feudal, apropiándose de tierras y subordinando a las comunidades. Chocaron dos visiones culturales, pero finalmente triunfaron los “blancos”, tras librar una guerra brutal, destructiva y sin contemplaciones.

Durante la época colonial, la sociedad fue dividida en castas y los últimos estratos de la pirámide pertenecieron a los indios y a los negros esclavos. La vida comunitaria indígena logró mantenerse incluso porque sirvió para la sobrevivencia de todos sus miembros ante la continuidad y extensión de la toma de tierras, la apropiación de minas y el redoblamiento de distintos mecanismos de explotación del trabajo. Así quedaron marcados los cimientos de la diferenciación entre blancos dominantes, con una cúspide de familias terratenientes ricas, frente a la enorme masa de pobladores pobres, entre quienes los indígenas vivían en condiciones miserables. 

Muy tempranamente se discutió sobre la naturaleza de los aborígenes y se concluyó que sí eran humanos. El problema, entonces, fue si la guerra y el sometimiento eran “justos”. La respuesta fue el Requerimiento (1512), documento que “legalizaba” la conquista si los aborígenes se resistían al cristianismo. Sin embargo, el fraile dominico Bartolomé de las Casas (1484*-1566), quien había pasado largo tiempo en tierras americanas, logró denunciar ante el rey las atrocidades de la conquista y la terrible condición de las poblaciones sometidas. Gracias a ello, en España se expidieron las Leyes Nuevas (1542), que regularon el trabajo indígena a fin de evitar abusos y, sobre todo, suprimieron la encomienda de servicios (asentada sobre las ancestrales relaciones de reciprocidad comunitaria de los indígenas), que permitía el aprovechamiento del trabajo en beneficio del encomendero, a cambio de su protección y evangelización. Esas Leyes ocasionaron el “general incendio” en América. El conquistador Gonzalo Pizarro levantó a los encomenderos (1544), desconoció al virrey Blasco Núñez Vela y con su ejército lo derrotó en Quito, en la famosa batalla de Iñaquito (1546). Por primera vez, los partidarios del “Gran Gonzalo”, su “caudillo libertador”, plantearon independizarse para formar un reino aparte. Sin embargo, llegó “el pacificador” Pedro de la Gasca, quien finalmente liquidó la “rebelión de los encomenderos”, derrotando a Pizarro en Jaquijahuana (1548).

La polémica sobre la conquista adquirió magnitud filosófica y teológica. Otro sacerdote, Juan Ginés de Sepúlveda (1490-1573) había opinado sobre la “guerra justa” para defender la conquista y sus ideas se difundieron. Escribió una obra titulada Democrates alter, sirve De justis beli causis contra indios, cuya publicación no fue autorizada en su época, de modo que se la conoció tan tarde como en 1892. De modo que en 1550 se convocó a la Junta o Controversia de Valladolid (se extendió hasta 1551) que, con la presencia de miembros del Consejo de Indias, del de Castilla, varios teólogos y un delegado papal, se realizó en el Colegio de San Gregorio. Su propósito fue el debate de las tesis de Las Casas y de Sepúlveda. Las Casas destacó la vida indígena, denunció ampliamente las barbaridades cometidas durante la conquista, la ruina en que habían quedado las poblaciones, los abusos, excesos y formas de explotación sobre el trabajo, la humillación y la miseria que agobiaba a estos seres humanos y la necesidad de protegerlos (su Brevísima relación de la destrucción de las Indias fue publicada después, en 1552). Sepúlveda, quien jamás estuvo en América, defendió la “guerra justa” sobre poblaciones idólatras, a las que era necesario imponer el evangelio; consideró que los sacrificios rituales y el canibalismo tenían que ser erradicados; que el sometimiento era benéfico para transformar las almas y desechar costumbres bárbaras, que no provenían de la perversidad sino de la falta de conocimiento sobre la verdadera religión; y que los indios debían ser tratados como menores de edad, a los cuales había que conducir y vigilar. Desde luego, es imposible resumir aquí la riqueza y magnitud de ese debate. Por primera vez un imperio colonial encaraba su propia expansión. Las Casas se constituyó en el primer defensor público de los indígenas, Sepúlveda en el gran defensor de la conquista y el coloniaje. Pero nunca se expidió un fallo o dictamen final, de carácter oficial.

Casi cinco siglos más tarde de aquellos acontecimientos, ante la movilización indígena que vivió el Ecuador desde el 13 de junio hasta el día 30 del mismo mes (2022), las expresiones de la vieja colonialidad (término empleado por un amplio sector de investigadores sociales), que se creían superadas por la vida republicana y el progreso contemporáneo de la democracia, han vuelto a hacerse presentes. Se trata de un fenómeno igualmente vivido en otros países latinoamericanos donde existen comunidades indígenas y particularmente en México, Guatemala, Bolivia y Perú. El clasismo y el racismo fueron manifiestos pocos años atrás, durante la crisis política (2019) que vivió Bolivia. Se produjeron escenas traumáticas, porque los “indios de mierda” (con esas palabras se les trató) fueron humillados, perseguidos y reprimidos con barbaridad conquistadora. Durante el paro nacional reciente en Ecuador (pero también mucho antes, en el de octubre de 2019 y aún más atrás, desde la primera marcha indígena de 1990) indígenas y pobladores movilizados recibieron furibundos ataques. Lo más grave es que también provienen de las esferas oficiales del Estado. Enfilaron contra los “vagos”, “violentos”, “terroristas”, “salvajes”, “manipulados”, “golpistas”, “mariateguistas”; se llegó a decir que el “narcotráfico” los financiaba, que los “correístas” les patrocinaban y que habían llegado a Quito para destruir, saquear e incendiar. En la ciudad hubo manifestaciones “por la paz” en las que se gritó contra “los indios hdp” y sus dirigentes. La “guerra justa” de la represión, quedó en manos del “uso progresivo de la fuerza”, que se lanzó en varios barrios populares y en forma desalmada contra indígenas y pobladores que demandan justicia económica y mejor vida (circularon numerosos videos en redes sociales), mientras sectores “blancos” clamaban porque les “metan bala”. Todos demostraron carecer de comprensión y conocimientos sobre el mundo indígena y su historia.

La conflictividad y la polarización social que ha ocasionado la cultura del privilegio en favor del bloque de poder hegemónico en Ecuador, y que ha sido cultivada por el fanático interés de quienes desde hace cinco años revivieron un modelo de economía empresarial-neoliberal y ahora plutocrática, que solo ha demostrado consecuencias nefastas en América Latina, no tiene perspectivas de solución en el largo plazo. Si bien se logró un acuerdo entre el gobierno y las organizaciones indígenas encabezadas por la CONAIE, el tema profundo del clasismo y del racismo entre elites ecuatorianas quedó intacto y se ha transformado en obstáculo para la edificación de una sociedad basada en los principios constitucionales de igualdad, democracia y Buen Vivir. 

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